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Arquitectura Interior12 min de lectura3 vistas

Diseño orgánico: cuando la arquitectura abraza la naturaleza

El diseño orgánico no es una tendencia: es un retorno a los principios más profundos de lo que significa crear espacios para seres vivos. Formas que imitan la naturaleza, materiales que vienen de ella.

Hernán Carquín

Hernán Carquín

Fundador · Mimbres de Chimbarongo

Un retorno a los principios más profundos

El diseño orgánico no es una tendencia: es un retorno a los principios más profundos de lo que significa crear espacios para seres vivos. Formas que imitan la naturaleza, materiales que vienen de ella.

El diseño, durante el siglo XX, se alejó de lo orgánico. Las líneas rectas, los ángulos, las formas geométricas: el diseño moderno, en su fascinación con lo industrial, produjo espacios que eran más máquinas que hábitats. Y este diseño, aunque funcional, producía espacios que no nutrían: que no conectaban con la naturaleza que el ser humano necesita.

El diseño orgánico, que se opone a esta tradición, no es una novedad: es un retorno. Un retorno a los principios más profundos de lo que significa crear espacios para seres vivos. Formas que imitan la naturaleza, materiales que vienen de ella, espacios que, en lugar de oponerse a la naturaleza, la abrazan. Y este retorno, que se expresa en múltiples tendencias, define el diseño contemporáneo más pertinente.

Los principios del diseño orgánico

Las formas naturales

El primer principio del diseño orgánico: las formas naturales. La naturaleza, que no tiene líneas rectas, produce formas que son orgánicas, fluidas, asimétricas. Y el diseño orgánico, que se inspira en la naturaleza, adopta estas formas.

Las curvas: las curvas, que abundan en la naturaleza —en las plantas, en los cuerpos, en los paisajes—, son la forma orgánica por excelencia. Y el diseño orgánico, que adopta las curvas, produce espacios que fluyen.

Las asimetrías: la naturaleza, que es asimétrica, produce formas que no son perfectamente equilibradas. Y el diseño orgánico, que adopta estas asimetrías, produce espacios que son naturales, no rígidos.

Las formas libres: las formas libres, que no se ajustan a geometrías, son las formas de la naturaleza. Y el diseño orgánico, que adopta estas formas, produce espacios que son orgánicos, no mecánicos.

Los materiales naturales

El segundo principio: los materiales naturales. La naturaleza produce materiales —la madera, la piedra, las fibras vegetales— que son, por su origen, orgánicos. Y el diseño orgánico, que usa estos materiales, produce espacios que son naturales.

La madera: la madera, con su grano y su calidez, es el material orgánico por excelencia. El material que, por su origen vegetal, es profundamente natural.

El mimbre: el mimbre, con su tejido y su flexibilidad, es uno de los materiales más orgánicos. El material que, por su naturaleza de fibra vegetal tejida, es natural y flexible.

La piedra: la piedra, con su materialidad y su peso, es el material que aporta masa. El material que, por su origen geológico, es profundamente natural.

La conexión interior-exterior

El tercer principio: la conexión entre el interior y el exterior. El diseño orgánico, que se inspira en la naturaleza, no la separa: la integra. Y esta integración, entre el interior y el exterior, es esencial.

Las ventanas: las ventanas grandes, que conectan visualmente con el exterior. Las ventanas que, en lugar de separar, conectan.

Los patios: los patios, que traen el exterior al interior. Los patios que, en el corazón de la casa, son naturaleza.

Los jardines interiores: los jardines interiores, que integran la vegetación en el espacio. Los jardines que, dentro de la casa, son naturaleza.

La adaptación al sitio

El cuarto principio: la adaptación al sitio. El diseño orgánico, que respeta la naturaleza, se adapta a ella. No impone: se adapta. Y esta adaptación, al sitio y a la naturaleza, produce espacios que pertenecen al lugar.

La topografía: el diseño que respeta la topografía, que se adapta al terreno. El diseño que, en lugar de nivelar, sigue.

La vegetación existente: el diseño que respeta la vegetación existente, que se integra a ella. El diseño que, en lugar de talar, conserva.

El clima: el diseño que responde al clima, que se adapta a él. El diseño que, en lugar de ignorar, aprovecha.

La textura y el tacto

El quinto principio: la textura y el tacto. El diseño orgánico, que valora lo natural, valora las texturas. Y las texturas, que son la expresión de lo natural, son esenciales.

Las texturas naturales: las texturas de los materiales naturales —el grano de la madera, el tejido del mimbre, la superficie de la piedra. Las texturas que son, en sí mismas, bellas.

El tacto: los materiales orgánicos, que son agradables al tacto. La madera cálida, la piedra masiva, el mimbre flexible. Los materiales que, al tocarlos, comunican.

Los elementos del diseño orgánico

Las formas curvas

Las formas curvas, en el diseño orgánico, son omnipresentes. Los muros curvos, los arcos, las formas libres: las curvas que, en lugar de las rectas, definen el espacio.

Los muros curvos: los muros que, en lugar de rectos, son curvos. Los muros que fluyen, que guían, que organizan.

Los arcos: los arcos, que reemplazan las esquinas rectas. Los arcos que, con su forma natural, suavizan el espacio.

Las formas libres: las formas libres, que no se ajustan a geometrías. Las formas que, como en la naturaleza, son orgánicas.

Los materiales

Los materiales, en el diseño orgánico, son exclusivamente naturales. No hay lugar para los sintéticos: se necesita la naturalidad de la madera, la piedra, el mimbre.

La madera: la madera, en su tono natural, sin teñir. La madera que muestra su grano, su carácter.

El mimbre: el mimbre, en sus formas tejidas. El mimbre que, por su flexibilidad, puede tomar formas orgánicas.

La piedra: la piedra, en su estado natural. La piedra que, por su materialidad, aporta masa y naturalidad.

La vegetación

La vegetación, en el diseño orgánico, es esencial. Las plantas, los árboles, las flores: la naturaleza que, integrada en el espacio, lo hace vivo.

Las plantas interiores: las plantas, en macetas y jardineras, dentro del espacio. Las plantas que aportan el verde y la vida.

Los jardines interiores: los jardines, en el corazón del espacio. Los jardines que, como patios interiores, traen la naturaleza al interior.

Los muros vegetales: los muros vegetales, que cubren las paredes con vegetación. Los muros que, además de bellos, purifican el aire.

La luz natural

La luz natural, en el diseño orgánico, es esencial. Las ventanas grandes, los tragaluces, las aberturas: la luz natural que, entrando abundantemente, ilumina el espacio.

Las ventanas grandes: las ventanas, que son más pared que ventana. Las ventanas que conectan visualmente con el exterior.

Los tragaluces: los tragaluces, que traen la luz desde arriba. Los tragaluces que, en espacios sin ventanas, aportan luz natural.

Las aberturas: las aberturas, que conectan el interior con el exterior. Las aberturas que, cuando se abren, integran.

El mimbre en el diseño orgánico

El mimbre es, quizás, el material perfecto para el diseño orgánico. Porque reúne, en un solo material, todas las características del estilo:

Es natural: el mimbre es fibra vegetal. Es natural, como el diseño orgánico exige.

Es flexible: el mimbre, por su naturaleza de fibra, puede tomar formas curvas. Es flexible, como las formas orgánicas exigen.

Es texturizado: el tejido del mimbre es visible y regular. Es texturizado, como el diseño orgánico valora.

Es artesanal: el mimbre se teje a mano, con técnica milenaria. Es artesanal, como el diseño orgánico respeta.

Las piezas de mimbre orgánico

Las lámparas orgánicas: las lámparas de mimbre, con sus formas curvas y libres. Las lámparas que, con sus formas orgánicas, son piezas naturales.

Las sillas orgánicas: las sillas de mimbre, con sus formas que se adaptan al cuerpo. Las sillas que, con su flexibilidad, son ergonómicas y orgánicas.

Los cestos orgánicos: los cestos de mimbre, con sus formas libres. Los cestos que, con su tejido, son naturales y funcionales.

El diseño orgánico como filosofía

El diseño orgánico, en el fondo, no es solo un estilo: es una filosofía. La filosofía de respetar la naturaleza, de integrarse a ella, de crear espacios que, en lugar de oponerse a la naturaleza, la abrazan. Y esta filosofía, en un mundo que ha degradado la naturaleza, es profundamente pertinente.

El espacio orgánico, cuando se logra, produce una sensación de conexión con la naturaleza que pocos estilos pueden igualar. Es un espacio que no separa: que integra. Que no opone: que abraza. Que no artificializa: que naturaliza. Y esta conexión, con la naturaleza que el ser humano necesita, es uno de los mayores logros que el diseño puede ofrecer.

El diseño orgánico, con sus formas curvas, sus materiales naturales, y su conexión con la naturaleza, es, quizás, el diseño más pertinente para el siglo XXI. Porque el siglo XXI, que hereda la degradación ambiental del siglo XX, necesita un diseño que, en lugar de continuar la degradación, la corrija. Y el diseño orgánico, que abraza la naturaleza, es este diseño. El mimbre de Chimbarongo, como material que es todo lo que el diseño orgánico busca, es uno de sus mejores aliados.

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